ACOSTUMBRADOS A LA INSIGNIFICANCIA
Con nuestra insignificancia existencial, los habitantes del mundo, establecidos en zonas periféricas del corazón civilizatorio, catalogadas por los maquinadores del violento despojo natural de intrascendentes, nos hemos acostumbrado a minimizar los efectos de las actuaciones de aquellos descerebrados, quienes en ellas obtienen y tienen privilegios, proporcionando con nuestras indecisiones, indolencias e irrelevancias, las justificaciones requeridas para avalarles sus despreciables e indecentes acciones, actitudes colectivas particularmente peligrosas y dañinas, porque permiten y posibilitan tomar de manera individual, participando en elecciones amañadas, decisiones contrarias al bien común.
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