Pareciendo gotas de una lluvia tenaz, en medio de un aguacero pertinaz, vemos los segundos caer uno a uno al interior de un hipotético morral, instalado en nuestras espaldas que se joroban con el peso que representan, después de innumerables jornadas sin evaluar haber gastado los esfuerzos físicos entre temporadas vacías de contenidos, con mucho de nada que hacer ni que decir dentro de alucinantes ilusiones colectivas, embolatadas y perdidas en el tiempo compartido, para que al final de la cuenta existencial hayamos servido de poco sobre un planeta que necesita urgentemente de todos por igual, empero la problemática radica en la instalación de necesidades para que después sigamos en rebaño a los populismos descarados.
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