Seguimos cabalgando sobre la espalda de una naturaleza con sus lomos bastante maltratados, y exhausta a punto de sucumbir, sin que se decida ni tampoco pensemos todavía cambiar nuestros comportamientos absurdos y desproporcionados, al estar conducidos y liderados por dirigentes que están convencidos creer y tener unas autorizaciones que el silencio masivo les otorga, falta esperar un milagro, al cual nadie en sus cinco sentidos puede vislumbrar, porque en el fondo todos sabemos que los dioses. sobre nuestro planeta, no tienen lugar conocido, distinto a aquel monte Olimpo que los antiguos griegos les daban cuando con ellos soñaban.
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