Los irredentos pacifistas, ante los guerreristas, estamos en obvias y patentes desventajas, pero ello no implica reservar, desactivar ni desechar las argumentaciones, por el contrario, tenemos que seguir insistiendo y señalando las arbitrariedades que aquellos utilizan para ganar con argucias sus sucias y turbias batallas, porque luego el tiempo nos impulsa a hacerles perder las guerras definitivas, demostrando a través de la realidad las consecuencias finales de sus conflagraciones, imponiendo la comprensión colectiva de los hechos, de que estamos ante seres mortales y fatales.
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