Somatizamos demasiado nuestras emociones, dirigiéndolas hacia las células corporales, logrando de esta manera desbalancear la estructura de unos cuerpos que viven buscando la estabilidad correcta entre lo que es bueno y el mal, somos criaturas subjetivas, y por lo tanto tenemos que encontrar entre los extremos el eje que centra nuestras existencias, tendientes a prestar atención hasta las maledicencias emanadas desde semejantes que quieren vernos extendidos en el suelo, para poder pasar ellos por encima, además de no tener rivales que los cuestionen a cada rato, tal cual viene ocurriendo en un mundo desmembrado para ser luego reconstruido por la propia naturaleza porque lo encuentra ambientalmente insostenible.
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