sábado, 23 de mayo de 2026

VOLUMINOCIDADES DESTRUCTORAS II


 VOLUMINOCIDADES DESTRUCTORAS II


Maquinando sobre los escenarios observados por todos los que poseemos algún tipo de visión, con vehículos voluminosos, sus conductores, por alguna u otra misión, insisten en destrozar todo a su paso. Es una embestida brutal que, aunque parezca real, opera como un montaje psicológico; un simulacro de devastación diseñado para proyectar una falsa omnipotencia. Sin embargo, este despliegue de fuerza bruta tiene efectos severos, aunque sean pasajeros, en las psiquis de poblaciones bastante adaptadas y acostumbradas a creer en adversidades, cual si fueran realidades inmodificables, aceptando el desastre como un destino inevitable del cual no pueden escapar.

Frente a este letargo colectivo, el tiempo no confirma ni niega que lo establecido sea un proceso estable. La inercia del sistema es solo una ilusión de permanencia, una grieta abierta a la incertidumbre. Por lo tanto, le corresponde a las generaciones siguientes, antes de que desaparezca la especie con las oportunidades dadas por el azar, reaccionar ante el paisaje en ruinas. Queda en sus manos la decisión última: adaptarse sumisamente a la destrucción heredada o cambiar drásticamente las condiciones que reciben, y en las que están obligados a construir sus futuros próximos, desafiando el guion de los destructores para reclamar el control de su propio destino.

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