Considerar las sagacidades como si fueran virtudes humanas, son en si mismas las mayores evidencias del grado de estupidez en la que se desenvuelven muchas sociedades e instituciones, desde un comienzo creadas con la única intención de mejorar el comportamiento de la especie, procedimientos que cumplen la misión de elegir para su dirección a este tipo de personajes, caracterizados por las trampas, marrullas y engaños, empero son los mejores ejemplos de éxitos medidos a través de las capacidades humanas por saltarse las reglas, convencidos que son parte de los medios idóneos para alcanzar metas, las cuales una vez establecidas logran aparentemente mejorar particularidades a costa de generalizar modelos erróneos que se vuelven aceptables colectivamente.
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