Estando observando a las rocas gemir e incluso llorar, a través de explosiones y temblores, a raíz de protestar después de reconocer su aprensiva inmovilidad, sabiéndose sometidas a la agresividad de una especie con presión fugaz, que hasta hoy no las quiere respetar, al nivel que tomaron en cuanto se asentaron y adaptaron para ser sustento de los organismos que la parasitan encima de ellas, desde la explosión mayor, llamada por algunos el gran big bang, dándole desde entonces piso a la versión abusiva de extracción de sus sustancias y elementos naturales, la cual ejercen con desdén los que ahora demuestran una fuerza insensata y brutal, a pesar de ser capaces de reconocer sus limitaciones y finitud.
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