SAGACIDAD Y ARRIBISMO SON REFLEJO ATRACTIVO EN LA CIMA DEL MAL SOCIAL
La persistencia de las jerarquías en las pirámides sociales, sean globales, regionales o locales se sostiene sobre un engaño colectivo: confundir la sagacidad y la astucia con verdaderas virtudes humanas.
Esta distorsión es la prueba más clara de la decadencia de muchas sociedades e instituciones, las cuales, habiendo sido creadas originalmente para mejorar el comportamiento de la especie, terminan validando mecanismos que elevan a personajes caracterizados por la trampa, la marrulla y el engaño, solo bsasta ver los últimos ejemplos de presidentes elegidos en distintos países del mundo.
Movidos por la ambición de poseer derechos permanentes e irrevocables, una variopinta fauna de arribistas se dispone a trepar estas estructuras amuralladas y defendidas con furia y con rabia. En este prisma conviven aristócratas caídos en desgracia, elitistas y trapecistas del poder, quienes no dudan en aliarse con dinámicas criminales para acelerar su ascenso. Para ellos, saltarse las reglas no es una falta moral, sino la fórmula idónea y exitosa para alcanzar la cumbre.
Al final, al coronar la cima y mirar con desdén a quienes quedan abajo, estos individuos logran camuflar sus orígenes delictivos y normalizar sus métodos mesiánicos, impresentables e indecentes . Así, la trampa individual se transforma en un sistema que aunque errático se vuelve aceptable colectivamente, consolidando inequidades inaceptables bajo el manto de un éxito mal habido.
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