Las posibilidades qué una juventud desbordada dejó pasar, por sentir lo que el momento dado reclamaba, hoy son las ausencias maldecidas, declarando los precios que se tienen que pagar, para aceptar humildemente en el ahora los costos de los cambios que no se pudieron realizar y por ende utilizar, porque no existe nadie que pueda cambiar lo pasado sin obturar el botón de una muerte física y real.
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