DESBANDADA DE CARACOLES HUMANOS
Desde el instante siguiente al que nacemos empezamos a cavar la tumba que llevaremos a cuesta, cual manada de caracoles en desbandada subiendo una montaña sin cima, huyendo de nosotros mismos, hasta cuando nadie se extrañe de nuestras ausencias, corresponde entonces dejar de palear el suelo con la misma pala de la insistencia con la que solemos ignorar las evidencias de un mundo desmoronándose frente a la mirada de personajes ajenos que se encuentran en las mismas labores, topándonos todos juntos en el momento preciso en que solo quedan residuos de unos huesos y tejidos descompuestos.
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