Al creernos idiotas útiles, los dirigentes en general, sean políticos, religiosos o financistas, se han transformado en algo peor, imbéciles de los mercados que ellos mismos publicitan, promocionan y multiplican como panaceas, sabiendo que son abortos sistemáticos de criaturas amorfas, que después se eyectan sobre la superficie de un planeta al que destrozan, quedándose sin capacidad de parir seres sanos y confiables, incapaces de garantizar futuros probables ante la realidad que muestra cosas distintas a los objetivos planteados por las fuerzas de unas economías suicidas.
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