ASINTOMÁTICOS PRACTICANTES DE HUBRIS
Me atrevo a vaticinar qué sí un personaje con el síndrome de Hubris, como el ególatra de Trump, se sale con la suya, saldrán de sus escondrijos malolientes las ocultas bandadas de polillas inhumanas, a comerse presurosas lo que queda del material orgánico sobrante, después de un banquete puesto a disposición para sociedades plegadas al poder de los traficantes de pútridas ideologías, aún fétidas enfrente de los que intentaran despejar dudas a los escasos bomberos de los bonzos suicidas, al saberse éstos incapaces de mantenerse vivos al no poder cambiar el rumbo de semejantes movidas.
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