NUESTRA ARROGANCIA ES ANTINATURAL
Esperanzados en dejar legados tangibles, visibles o relevantes, frente a la versión y visión que de nosotros poseen los demás, gastamos tiempo y esfuerzo innecesarios, buscando construir o deshacer elementos, que irremediablemente se desintegraran una vez nuestros organismos dejen de palpitar, pues estamos adheridos a ciclos de descomposición continua, distintos a las propuestas mal hechas para aparentar importancias que no son reales a la hora de volvernos ripios o residuos insustanciales, teniendo que reintegrarnos a las secuencias de la transformación material que perpetúa la reactivación de una cadena biológica, de la que hacemos parte siendo un simple eslabón, entonces tenemos que ser menos arrogantes o pretenciosos, y más colaborativos para hacer de nuestras existencias las tuercas que ayudan a los tornillos de la estructura que compone la maquinaria de la evolución a terminar el trabajo común para el cual fuimos creados a través de la emisión de energía natural, dejando detrás una historia mal contada y por lo mismo irreal.
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