Acostumbrados a permanecer limitados, controlados y de cierta manera encarcelados, dentro de claustros denominados nuestras propiedades, aunque suceda que son simple y llanamente medidores, para los pagos que tenemos que hacer, con los impuestos que van alimentando erarios cooptados, acatando las falsas fronteras instaladas e instigadas por sagaces avariciosos, anormalmente admirados por presos voluntarios, dando a entender que estamos atrapados en la espiral de unos acontecimientos motivados desde un remolino cultural, que a su paso va arrasando sociedades de gentes indolentes e incapaces de reaccionar contra estos modelos de manejos indecentes.
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