OPTAR POR PENAS DE MUERTE CONTRA CORRUPTOS
Sí la corrupción se castigara con penas severas, tipo la muerte, las poblaciones humanas sobre el planeta serían bastante escasas, empezando desde las casas de los líderes mundiales, por ejemplo una figura como Trump, quien ha basado su fortuna en vacíos, trampas y triquiñuelas legales, hubiera ya sido desde hace rato sentenciado, igual sucedería con la mayoría de los más destacados personajes de la política pública a nivel mundial y regional, tras largas vidas dedicadas a cazar erarios por cuenta de las laxitudes y los descuidos comunitarios, o por las intemperancias particulares de índoles ideológicas y personales, aprovechándose de los olvidos generales que generan, con los cuales se facilita beneficios a los más corruptos privilegiados, quienes además participan en privatizarlos, utilizando cualquier forma de argumento o herramienta indecente, por medio de las cuales se atreven a robarlos, sabiendo que sus pervertidas acciones no se van a poder visibilizar ni encontrar entre las marañas de leguleyadas que por norma, cultura y costumbre se transforman en usanzas entre las sociedades que afectan, por y para no contar con aparatos de justicia fuertes y capaces de dictar sentencias con duros, férreos y sólidos castigos contra actividades que se equiparan con los más atroces genocidios.
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