La potencia de la energía absoluta, surgida desde una gran e imprevista explosión, dando origen al universo especifico, creadora y moldeadora de unos hechos que conducen a materializar los átomos, partículas que revuelan en permanente enervamiento para generar posteriores movimientos, circunstancias de tiempo, modo y lugar natural, que luego se convierten en la figura de un dios parar la visión que parte de muchos, masificando la presencia de sucesos impositores de inexplicables acontecimientos, que desde la ignorancia entonces muchos seres conscientes catalogan milagros, para después así darle sentido, también bajo su particular criterio al supuesto proceso en que un ser superior interviene durante la evolución y transformación que involucra a las moléculas cósmicas, generando como resultado la aparición de figuras e imágenes, algunas palpables y otras ilusorias, lo cual fuerza a creer que lo naturalmente fortuito se debe a la intervención de corpúsculos divinizados, frente a los cuales nos tenemos que postrar y doblegar al no ser capaces de explicar, analizar ni detallar que son las emanaciones y concreciones de un combustible con un poder contundente para hacer pensar, imaginar, idealizar y hasta inventar lo que no se entiende, dándole la coyuntura a los oportunistas, bien llamados avispados, para aprovechar la ocasión de sacar partido de la chispa que dio sentido a la existencia de la vida como tal.
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