JUGANDO CON DIOS
Sentados,
uno al
frente del otro,
en una mesa
de jugar,
un simple
hombre,
representando
a la humanidad,
y Dios,
no saben de
qué hablar,
solo pueden
prever lo que el otro no puede suponer.
Enfrascados,
con estas
reglas en un posible combate,
que
desprecian así sepan importantes,
no
incrementa las razones del debate,
porque quien
no los oye ni los ve,
no los puede
comprender,
y el que
siempre pierde va ser él.
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