CONTRA UNA DERROTA HAY RUINDADES
Solo basta observar con cierto grado de atención al interior de las regiones del mundo más conflictuadas, para entender con que facilidad personajes que se consideraban conscientes de la gravedad de la situación en la que estaban, debido a sus propias intransigencias, consienten reprimir sus emociones y razones, arriesgando con feriar sus posiciones de seguridad, autonomía e integridad, transformándose de forma acelerada y voluntaria en lacayos de un poder ajeno y superior, con tal de atacar, defenderse o derrotar a sus potenciales enemigos internos, conduciendo al resto de compatriotas a ser vasallos de sus ruines actos.
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