EN
EL PRINCIPIO DE LOS PROBLEMAS NO ESTÁ EL FINAL DE LOS MISMOS
El final de los graves problemas, que sufrimos como
humanidad,
se encuentra en el principio inmediato de los mismos,
pero al no entenderlo así los venimos multiplicando hasta
el infinito.
Entonces nos hemos vuelto sordos para escucharlos,
ciegos para enfrentarlos y mudos para comentarlos y criticarlos,
generándose en la sociedad una gruesa coraza para
aguantarlos
sin tener una tenue esperanza para acabarlos.
Son muy simples y variados los remedios que disponemos para
enfrentarlos,
por ejemplo, querer unirnos como fuerzas sociales, comunales
y terrenales,
pero las propuestas que se presentan y se dan no son soluciones
de verdad,
apenas son místicas intenciones, rezándole a dioses en
cadenas de oración,
para que sean ellos, metafísicamente, quienes los
encuentren y los enfrenten.
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