UN PERMAFROST EXISTENCIAL DESCONGELÁNDOSE Y SURGIENDO DETRÁS DEL SHOCK OCASIONADO POR EL TECNOFEUDALIMO ILUSTRADO
La especie humana se asemeja hoy a una criatura pasmada y congelada en el tiempo, por debajo de un permafrost existencial, paralizada ante la opción que tiene que tomar entre el medio ambiente y sus ilusiones paradisíacas, la sociedad contemporánea de repente se encuentra frente a asombros provocados por actuaciones irreflexivas.
Paradójicamente, estos golpes no provienen de la ignorancia, sino desde la intimidad de individuos preparados y adiestrados exclusivamente en las mejores instituciones educativas del planeta; transformados en expertos diseñadores para concebir arbitrariedades con las que concitan decepciones colectivas. Esta tecnocracia ilustrada ha sido capaz de detener las reacciones naturales del tejido social, bloqueando e hipnotizando a los seres más racionales posibles bajo un manto de apatía e indolencia.
Es precisamente en este estado de estupor donde hemos permitido establecer el tecnofeudalismo más mezquino. Mientras la mayoría trabaja denodada e individualmente, los frutos de esos sudados y asalariados esfuerzos terminan cancelando intereses leoninos, al principio o al final de cada jornada laboral, por las contraprestaciones establecidas de manera inicua por aquellos que han sabido apropiarse sagazmente de las construcciones sociales. Aprovechando una desregularización paulatina, sabedores de que estas élites han privatizado las infraestructuras requeridas para moldear a su favor unas sociedades dignas, justas y de índole humanitaria.
Nuestras propias sumisiones entonces han dado espacio, tiempo, modo y lugar a los feudalismos tecnológicos en los que nos adentramos cada día más. Inmersos en consumismos descontrolados dentro de un mundo virtual, puesto en funcionamiento de manera magistral y teatral para dejarnos asombrados, sin aliento y confundidos, descubriéndonos desunidos, sin medios de reacción y despojados de vigor o recursos para ningunear posesiones y propiedades propias reales. La brillantez técnica que criticamos, en origen ha mutado hacia una maquinaria de distracción digital que extrae la riqueza natural a cambio de algorítmicos espejismos de bits.
Resulta imperativo, por lo tanto, despertar masivamente de esta perplejidad, de esta pasividad que se ha tornado en pesadilla mayoritaria. El shock inducido por las arbitrariedades de esos supuestos expertos debe dar paso a una reacción popular y colectiva que nos permita reclamar y utilizar los fundamentos comunes. Es necesario exigir que el usufructo de los recursos naturales y las construcciones sociales vuelvan a ser para el beneficio común. Al final de cuentas, la existencia general debe fusionarse a cada persona para luego funcionar como cualquier modelo de proyecto exitoso y sostenible: presupuestando pérdidas y ganancias de manera justa, transparente, bien contabilizada y equitativamente repartida.
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