Indiferentes, o ignorantes, de los peligros que nos acechan, la mayoría de los seres humanos somos propensos a confiar en el azar, del que se aprovechan aviesos personajes, con la suficiente osadía para imbricar tortuosas metodologías e ideologías entre los espacios dejados abiertos para que avancen con total libertad aquellos individuos sujetados y amarrados con las maldades inherentes a la especie humana, asunto ajeno a la educación más rigurosa aprendida, dejada a un lado a la primera oportunidad dada por las personas confiadas de las buenas voluntades ajenas.
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